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Áspera soledad.

enero 12, 2011

 

No soy montañero. Tengo vértigo. Pero me gusta la montaña. De vez en cuando subo uno de estos gigantes de piedra por varios motivos; bien porque me gusta pasar algo de miedo, porque quiero ver lo que ven los pájaros, por la compañía, por superación, no se… me atrae. Pero de siempre he intentado entender el porqué de mi miedo las alturas, quizá esa sea la razón por la que cuando la ocasión se presenta, me dirijo allá arriba. Siempre que me encuentro a una altura considerable, me atrapa la misma sensación, pero nunca he sabido realmente como describirla, que nombre ponerle a ese momento en el que las tripas se me encojen, a ese silencio roto por el viento, a esa impresión tan fuerte que me produce la cercanía con las nubes.

 

Pues bien, hoy de pronto, lo he encontrado, por casualidad, en un párrafo del libro que poquito a poco, a ratos voy leyendo,  “El Árbol Ausente”, ahí estaban esas dos palabras que me permiten definir lo que siento en esos momentos: áspera soledad… cierto es que en este libro, esa expresión no está asociada a nada que tenga que ver con lo que me ha sugerido a mi…

 

No sé, seguro que parecerá una tontería, o que si alguien tenía esa misma duda lo llamará de otra forma o simplemente no le preocupará lo más mínimo encontrarle una definición. A mí, la verdad se me fue un peso (pequeñito, eso si) de la cabeza… me gusta encontrar cosas sin buscarlas.

 

 

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